5.08.2008

(Que no sirva como precedente)

He tenido un momento de melancolía y de retroceso. He estado leyendo escritos y mirando los contactos de mi messenger y me he dado cuenta de que existe una pequeña diferencia entre la gente que me conocía y la gente que me conoce. La gente que me conocía y por la que he llorado, pataleado y preocupado, simplemente me ha desadmitido de su vida y de sus redes sociales. También he encontrado una evolución en mi escritura y tiene que ver con la privacidad. Me he vuelto una impúdica cínica y ya no cuento las cosas desde el punto de vista personal, sino que me centro en la literatura y en vender las tripas que me quedan.

Creo que debería borrarlo casi todo. La noche se tiñe de un patetismo y una tristeza suprema.




Y, ahora, volvamos a la ficción.

2 comentarios:

Diego García dijo...

Vender tripas es incluso peor que vender burras. Yo me he expuesto demasiado y me he quemado. Voy a deshacerlo todo.

Penélope dijo...

Que les den por el culo.
Yo hace tiempo decidí tener los cojones de mirarme al espejo y pensar que me gustaba lo que veía. Ahora sí.

Leí no hace mucho a alguien que describía a una tía. Detallaba en una entrada a una persona en cuestión que resultó ser ella misma. Nos pedía (a modo sensacional para finalizar dicha entrada, ya sabes) que si nos la encontrábamos por ahí se la presentáramos. Que estaría encantada de conocerla.

A mí no me tiene que encontrar nadie para saber quién cojones soy y qué es lo que no quiero.
No sé, todo depende del enfoque que le des.

Un saludo.

P.D.: Uf, no veas cómo hablo, coño.
Perdona.

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