6.12.2012

Gyro

Me siento enferma. El cuerpo me tiembla debajo de la ropa, como un gatito escondido debajo de una manta.

No me gustaría ser nadie más que yo, ya que soy de la opìnión que ser alguien es ya mucho trabajo. Me cuesta muchísimo abrir los ojos por la mañana, cerrarlos por la noche y, entre esos dos actos, respirar y caminar despacio. Los médicos dicen que no debería pensar demasiado pero, ¿cómo no hacerlo?. Mi cabeza baila sus propias canciones, como si su iTunes estuviese encendido en un eterno "shuffle", y gira, gira, gira como una bola del mundo propulsada por dedos infantiles. Mi cabeza quiere pensar en poemas, en versos escogidos, en imágenes por desarrollar y yo me culpo por perder el tiempo entre pastillas y mantas. "Debería estar escribiendo y trenzándome el pelo". Es como soñar con Sylvia Plath en la cruz, tirándole tomates. "Tendrías que haber aguantado un poco más, chica."

No me levanto ante nadie, no sonrío porque no tiene gracia y no me hago fotos a los zapatos que me he comprado hoy porque no me emociona tener que ir a una boda. No sé si acabará pronto o seguiré apretando el "replay".

Pero aunque esta entrada sea abandonada a medias, sea criticada, sea olvidada, yo, escupiendo sobre anuncios de American Apparel y ensayos sobre la crisis financiera, sigo bailando porque no me queda más remedio que seguir girando en esta eternidad.

6.10.2012

Antologías

Anoche cerraba los ojos en el coche y pensaba en qué haré cuando vuelva a Inglaterra. Ha llegado el punto en que no me reconozco. Mi humor cambia tanto como mi cuerpo y noto como si mi esencia, mi "yo", quisiera escapar por la boca. No me reconozco. Ya no soy rápida, astuta y lista. No soy mucho más que una carcasa sin futuro, la concha de un caracol llamado Pasado. No soy, no soy, no soy. No soy una promesa, no soy bella, pero tampoco soy mediocre. No llego a la normalidad por los cientos de escritos que pasan de unas a otras manos. Escritos sobre mi comportamiento, sobre las noches en vela. Escritos plagados de números y palabras en latín. La antología de mi vida nunca llegará a mis dedos, inertes pero intranquilos. Y, probablemente, cuando vuelva a Inglaterra, los mismos escritos pasarán a otras manos y yo me echaré en el sofá a esperar eternamente y a seguir engordando.

6.06.2012

The flowers you gave me are rotting and still I refuse to throw them away

Hoy he soñado que estaba en un camping, haciendo pis en el baño. Al salir del cubículo, me acercaba al lavabo a lavarme las manos pero, justo cuando me doblaba hacia delante para abrir el grifo, un hombre alto y muy delgado con bigote me cogía por detras y me tapaba la boca con una de sus manos huesudas. Yo intentaba chillar y deshacerme de él, pero él susurraba "Estate quieta" y yo pensaba en Bob de Twin Peaks. Intentaba bajarme los pantalones pero yo conseguía escaparme del nudo en que me había atado, como si se tratase de una pitón a punto de comerse a su víctima. Salí corriendo del baño y la gente pasaba sin mirar. Yo grité y señalé al hombre que había intentado violarme, pero nadie me escuchaba. Entonces, la gente paró en seco y comenzó a sentarse en el suelo. Un coche funerario cruzó de izquierda a derecha, muy despacio, seguido por gente vestida de luto. El violador se acercó a mí por la espalda y, retirando el pelo de mi oreja izquierda, me susurró: "En quien estabas pensando antes, mientras te bajaba las bragas, está en ese coche." En ese momento, me acerqué al coche fúnebre, con los rayos de sol quemándome la cara. Vi cómo mis compañeros de Máster sacaban un ataúd del coche y, entonces, uno e mis exnovios abría el ataúd y sacaba un ramo de flores muertas. Él se acercaba a mí muy lentamente mientras yo andaba hacía detrás y, cuando no había más camino que recorrer, me ponía las flores muertas en los brazos y se sentaba en el suelo, agarrándome fuertemente del brazo derecho y obligándome, en cierta manera, a sentarme a su lado. Yo le pregunté: "¿Por qué me das estas flores muertas?", y él, sin mover un músculo de la cara, contestaba: "Porque ese tío al que te quieres follar no va a venir nunca. Ni siquiera sabe dónde estás."

Y tenía razón.

6.04.2012

The world might disappear under blankets of snow.

Los días se van muriendo, ahogados en el calor desértico de media tarde. Las persianas siguen bajadas, como si se hubiesen roto y hubiesen caído de repente. Puedo oír el estruendo de plástico contra el aluminio de mi ventana. Y pienso, con los ojos cerrados, en compartir mi sudor con alguien que ya lo tuvo y lo desechó rápidamente. Él debería haber sabido lo valioso de mi espalda mojada en su cama, pero hay gente así, que necesita deshacerse de ti como el que se deshace de un cuerpo sin vida metiéndolo en un baúl viejo. Hoy buscaba en la misma oscuridad las fotos de un alguien que quería tenerme en su cama durante más tiempo y yo, con el aliento entrecortado, salté dentro de mis bragas y desaparecí. Aún recuerdo sus manos en mi tripa, diciéndome lo mucho que le gustaba la ausencia de huesos en mi cuerpo. Y yo corrí, y corrí a otros brazos, a otros tiempos perdidos, a otras pérdidas de juicio. Ahora todo está cambiando. Este verano, que parece ser el más largo de mi vida, se muere poco a poco con estas persianas bajadas y mi mente adormecida, acordándome de cuerpos que ya han muerto en vez de los cuerpos que están aún por nacer.
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