3.08.2010

La piscine

Entrar en una habitación y que todos te miren. Todo el movimiento es a cámara lenta, mientras la música se va apagando al mismo tiempo. Buscamos un asiento en alguna esquina, dando pasos insignificantes. Al sentarse, suelta un suspiro y me alarga su mano. En ese momento, te planteas si quieres seguir adelante, si quieres que todo cambie para siempre, si te vas a tirar de cabeza. Piensas en trampolines, en que puedes hacer el salto de tu vida y puedes partirte el cuello en dos. Pero, ¿y si bates un record?, ¿y si la hazaña se vuelve memorable? Tres trillones de ojos esperan ver si te atreves o no. El trampolín es cada día más alto, y el agua es cada día más fría. Quizás me acabe arrepintiendo, pero en ese momento, el "no" era la definición de cobarde. Y aquí estoy, empapada y sin saber si voy a ser capaz de salir de esta piscina infinita.

1 comentario:

Jorge dijo...

Expresarte sin tanta metáfora te ayudaría algo.

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