El deseo de destrucción es más fuerte que el deseo del amor. A veces se apodera de mí una fuerza inquieta que casi me obliga a destrozarlo todo. Por curiosidad, por ver qué pasa después. Todo el orden, toda la seguridad, a la mierda. Por la sensación que aporta el poder derrumbar algo bello, por poder decir: "Esto lo estropeé yo", hace que merezca la pena intentarlo.
No hay nada que me ate. No hay nada que sea digno de ser salvado. Ni siquiera yo.
Busco mi ruina en el cataclismo de otros. Esos 10 segundos de gloria son el orgasmo de la victoria conseguida entre huesos rotos.
6.01.2007
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3 comentarios:
La destrucción fue mi Beatriz, que decía Mallarmé.
A veces yo tengo ganas de romper algo bonito...
Anuncios como el suyo aparecen de siglo en siglo en mi ventana del pc. Pero desde Arthur Rumbaud no ha vuelto a darse en el mundo real.
Lástima.
¿verdad?
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