5.16.2008

Day and night, night and day



Propuso que nos quitásemos los zapatos. Yo accedí, maravillada, ya que deambular descalza es una adicción confesada. Puso un cd en el estéreo abandonado de la sala, donde sólo quedábamos nosotros y el confeti en el suelo, acompañando con cansancio al champán malgastado. Me atrajo hacia sí, me agarró de la cintura y apoyó su nariz en mi pelo. Durante 3 minutos, el mundo paró. Sólo existía él y su fuerza gravitatoria, convirtiéndome a mí en un satélite de su cuerpo. Él susurró que yo olía genial y yo moría de ganas de decirle que le amaba en ese mismo momento. El mundo se desvanecía pero su calor era algo que nunca podría morir. Absorbí todo lo que pude de esa pequeña eternidad, memoricé cada uno de los pliegues de su camisa, añoré con antelación sus labios. Cuando la canción terminó, él estaba inclinado hacia mí, haciéndome levitar. El suelo tembló con aquel beso y aún siento cómo mis piernas no están del todo derechas.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

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Penélope dijo...

Joer... qué alegría, reina.

Anónimo dijo...

Te leo...
Yo siempre te leo.

Diego García dijo...

Eso, es amor. Sí.

Padre y muy señor suyo dijo...

Hmmm

Diego García dijo...

Recuerda, m.

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