7.16.2008

Marla Singer vomitó una vez en el suelo del tren

Me siento observada. Tengo en la espalda un gran ventanal por el que me miran todos los seres de este universo. Suelo correr las cortinas para que la habitación se oscurezca y parezca de noche. Cuatro florescentes mal contados y el brillo de la pantalla de ordenador me iluminan. Pero, ¿y si con echar las cortinas no es suficiente?, ¿y si existe un ser extraño que se cuela por las rendijas de las puertas?, ¿y si me miran por el ojo de la cerradura?.
Sueño con Grace Kelly entrando de puntillas en mi habitación mientras me mantengo de espaldas al cristal.
Es miedo a darse la vuelta y a ver que sí que te miran. O darse una cuenta de que no es así y todo es fruto de una grandiosa paranoia. Pero, ¿y si es cierto?
Tengo pesadillas en las que Grace Kelly me clava un abrecartas en la garganta.
Necesito salir a la calle y dejar de sentir ojos en la nuca. Podría, entonces, sentirme perseguida. Un violador cualquiera, un psychokiller de tres al cuarto o una drogadicta con tutú. Mantengamos la mente ocupada con otras preocupaciones infundadas para olvidar lo miserable que es la espera.

3 comentarios:

Santero Delcolmo dijo...

Alerta no es paranoia ¿o si?

Raphaël de Valentin dijo...

A veces yo también creo que muchas de mis paranoias o preocupaciones cotidianas no son más que fruto de mi invención como mecanismo de defensa, sobre otras miserias reales que me impedirían dormir.

Al menos no debo ser tan imperfecto del todo, quién sabe.

Hurgando la genialidad. dijo...

Coincido plenamente con ese sentimiento de paranoia.
No está sólo relacionado con los malos sueños, o el stress que la vida diaria provoca...
Lo atribuyo más a nosotros mismos. Todos queremos ser observados, que se nos mire; decir "Hey, aquí estoy", y cuando sucede a veces huimos de él.
Todos también nos sentimos observados: la televisión, la computadora, Internet, que se cuela en la privacidad de la gente, mas muchas veces nosotros somos los que dejamos que eso suceda.

Y en el insomnio, nos damos cuenta de una fatídica verdad: que no somos nosotros los observados, sino los observadores...

Mis saludos...

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